Elaborado por la UNIDAD DE INTELIGENCIA EN PRACTICAS
INTRODUCCION
En el actual escenario internacional, la Unión Europea ha emprendido un proceso de rearme sin precedentes en su historia reciente. Las tensiones geopolíticas globales, en particular la guerra en Ucrania y el deterioro de las relaciones con Rusia, han servido de marco narrativo para justificar un significativo aumento del gasto en defensa, la modernización de las capacidades militares y el impulso de una política común de seguridad más ambiciosa. Este cambio se produce en un momento de redefinición del papel de Europa en el mundo y ante crecientes incertidumbres sobre la fiabilidad de sus alianzas tradicionales, especialmente con Estados Unidos.
Sin embargo, junto a esta narrativa oficial basada en amenazas externas, existen dinámicas internas que merecen atención. Europa atraviesa también una etapa marcada por crisis migratorias, inestabilidad política, polarización social y vulnerabilidades en sus infraestructuras críticas. Estas tensiones internas podrían estar influyendo de forma más profunda de lo que se reconoce públicamente en la orientación de la política de defensa europea.
A partir de este contexto, el presente informe plantea como hipótesis central que el rearme promovido por la Unión Europea no responde exclusivamente —ni de forma prioritaria— a amenazas externas reales, como la rusa, sino que es en gran medida una reacción a inseguridades internas, sociales y políticas, que amenazan la estabilidad de los propios Estados miembros. A lo largo del documento se analizarán los factores clave, tanto internos como externos, que influyen en este fenómeno, así como las narrativas institucionales que lo enmarcan, con el fin de contrastar esta hipótesis y ofrecer una visión más amplia de las motivaciones estratégicas detrás del actual rearme europeo.
Hipótesis que se plantea: Rearme europeo como respuesta a inseguridades internas en países europeos más que a amenazas externas reales.
IDENTIFICACIÓN DEL PROBLEMA ESTRATÉGICO A INVESTIGAR
En el presente informe, el problema estratégico a investigar es la posibilidad de que el rearme europeo anunciado el pasado mes de marzo por Úrsula Von der Leyen y la Comisión de la Unión Europea (UE) no se esté llevando a cabo por una amenaza externa real, sino por una cuestión de inseguridad interna europea.
A la hora de identificar estos problemas es muy importante tener en cuenta cuales son todos los factores a la hora de realizar el análisis pertinente al asunto. Así, y como se desarrollará a lo largo de este documento, juegan un papel fundamental las sociedades y los países de nuestro entorno, como los miembros de la UE o la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). También las alianzas y disputas entre partidos políticos afectan enormemente a las relaciones intraeuropeas, así como a la forma en la que se aborda el plan de rearme europeo. Todos estos factores se desarrollan más en detalle en los apartados siguientes.
Atendiendo a las variables presentes en la hipótesis formulada: por una parte, tenemos la inseguridad que provocaría una amenaza externa, discurso que ha tomado Europa como justificación para el Plan de ReArme. Para la UE la principal amenaza exterior sería Rusia debido a la posibilidad de una guerra como extensión de la guerra con Ucrania. Sin embargo, no parece que la amenaza de una guerra en Europa sobre todo con España sea probable, ya que se tendría que enfrentar a la OTAN. Aunque, sí puede suponer una amenaza por los recursos energéticos que posee con los que puede ejercer presiones políticas y por su poder desestabilizador mediante ciberataques y campañas de desinformación.
Por lo tanto, Rusia podría representar una amenaza exterior como afirma la UE, pero no tanto por la posibilidad inmediata de una guerra, si no por su capacidad desestabilizadora mediante amenazas híbridas. También son amenazas externas, las pretensiones marroquíes sobre suelo de soberanía española o las políticas expansionistas de China. Estas amenazas también deben estudiarse desde la perspectiva de cada Estado. Desde la visión española, Rusia no es un enemigo tan cercano como para Hungría o Polonia. Enemigos no deben entenderse sólo como invasores, sino que también puede ser todo aquel que derribe una infraestructura física por medios cibernéticos, por ejemplo.
Por otro lado, están las posibles causas de inseguridad interna que pueden estar provocando esta reacción en las más altas esferas del poder europeo y español. La fuerte crisis migratoria, la inflación y la inestabilidad política dentro de cada uno de los Estados Miembros de la UE y de la propia UE, pueden ser causas suficientes para provocar un cambio presupuestario hacia la defensa, en un intento de aparentar mayor legitimidad y capacidad de generación de fuerzas, que impida un levantamiento popular o una revuelta social que provoque una inestabilidad en la nación.
En una sociedad tan avanzada como la europea y con el sistema de alianzas que lo defienden, esta última causa es más probable que una guerra convencional o una invasión. Es por ello que se puede entrever como una de las amenazas principales, centrándonos en España, es el choque de civilizaciones, es decir, una batalla cultural que aboga por destruir la cosmovisión tradicional del contrario, siendo, la crisis migratoria junto con las políticas de desestabilización de terceros estados, los políticos y la sociedad europea, los protagonistas en esta trama.
Por otro lado, y con todo este entramado se refleja, como posibilidad, que el estado y la política europea están construyendo una narrativa pública centrada en el miedo, amenazas, enemigos y reforzamiento bélico de países que no son amenazas directas, en el sentido y forma que lo cuentan.
Dado que, cabe añadir, si alguna amenaza externa de las mencionadas, sobre todo Rusia, tuviera intención de atacar a Europa ya lo habría hecho, ya que no tendría sentido esperar a que Europa se arme para atacar, cuando sería más difícil de vencer. También hay que tener en cuenta que actualmente, es mucho más fácil vencer a un país sin armamento convencional que con él y aquí se hace referencia a la vulnerabilidad de los cables submarinos tan importantes para las telecomunicaciones, la falta de protección física y cibernética de infraestructuras críticas o los innumerables intentos de ciberataques a instituciones claves de la Administración General del Estado, como el Ministerio de Sanidad, Defensa o Hacienda.
Ahora bien, no debe descartarse que sea una mezcla de diversos factores externos e internos que se combinan e influyen conjuntamente. Generalmente las decisiones políticas no suelen estar causadas por un único factor y verlo así sería una reducción simplista de la vida en sociedad y las relaciones internacionales. Las decisiones suelen estar tomadas por un conjunto de causas varias, lo cual puede ser lo que acontece en el caso concreto a analizar.
FACTORES CLAVE QUE INFLUYEN EN EL FENÓMENO DEL REARME EN EUROPA
Existen muchos factores clave que deben tenerse en cuenta para analizar la pregunta formulada a esta unidad de inteligencia. Por una cuestión de claridad se dividen en dos tipos: internos (tienen su origen o causa dentro de Europa, poniendo el foco en el Estado español) y externos (tienen su origen o su causa fuera de Europa, con el foco en España). Además, matizar que pueden ser hechos o actores.
En cuanto a los factores internos se encuentra el problema migratorio europeo y, concretamente, el que sufre España en sus costas por la ingente llegada en cayucos de inmigrantes, en su mayoría varones jóvenes y menores no acompañados provenientes principalmente del norte de África.
Esto, en consecuencia, genera problemas sociales y humanitarios en las zonas receptoras, así como problemas de seguridad por el riesgo de infiltración de redes terroristas. A esto se le suman los ciberataques a infraestructuras críticas (como por ejemplo, los cables submarinos,) e instituciones, donde España ya ha padecido los ataques, cuya importancia se ha visto resaltada con el apagón sufrido el pasado lunes 28 de abril. Otra problemática es el auge de las redes de crimen organizado, dedicado sobre todo al narcotráfico en el sur de España. Agregado a lo anterior, la inflación, el encarecimiento de la vivienda y la precariedad laboral junto con los escándalos políticos, han propiciado un clima de malestar en la población generando una creciente desconfianza hacia las instituciones políticas. En definitiva, la creciente polarización social ha ido en aumento, fomentando la división en la población.
Los factores externos son diversos e implican a diferentes actores. Entre ellos se encuentra la Guerra de Ucrania, donde la evolución de esta afectará de manera considerable al resto de países de Europa, influyendo a la seguridad y al encarecimiento de los precios energéticos. De este conflicto deriva la relación tensionada con Rusia, por la cual España ha sufrido diversos ciberataques y campañas de desinformación, únicamente buscando polarizar a la población y generar desconfianza en las instituciones. Por otro lado, la dependencia energética de Europa y España hace que cualquier conflicto, en los países que importamos gas natural o petróleo, como son, por ejemplo, Argelia o Nigeria, afecte considerablemente al precio y a las relaciones comerciales.
En especial relevancia, se encuentran las rutas comerciales marítimas, como el Estrecho de Gibraltar y la inestabilidad en Oriente Medio y en África, las cuales pueden afectar notablemente a España en materia migratoria.
Cómo últimos factores externos, señalar que las relaciones de España con China y Estados Unidos podrán generar diversas amenazas, en función de las decisiones y posición que España tome con ambos países y obviamente, las que se produzcan
entre ellos. La desconfianza en Estados Unidos (EEUU), por un menor apoyo en materia de defensa, sobre todo en la OTAN, la imposición de aranceles de EEUU a toda Europa y el reciente acercamiento de España a China, ha tensionado aún más la relación de EEUU con España.
Desarrollados los factores, se deben tener en cuenta los actores. Este es un factor más complejo, al no ser un hecho que ha acontecido, sino una persona, grupo o Estado que, acorde a los hechos y según sus intereses a corto y largo plazo, actúa en un sentido u otro. La actuación de estos actores, afecta a la postura y objetivos de los demás, lo cual provoca previsiones, planes, reacciones y actuaciones de estos. Este grupo de factores en concreto se analizará más en detalle en el apartado número cuatro, titulado «Análisis de las narrativas oficiales»
Un hecho de especial relevancia a tener en cuenta, es la agenda gubernamental anunciada para este gasto en defensa. Es de obligado cumplimiento resaltar que a día de hoy el gobierno ya tiene un plan claro en cuanto al destino de este aumento. Basándonos en las agendas anunciadas por estados del entorno geoestratégico y con necesidades estratégicas relativamente similares, se destinará en su mayor parte a obtener nuevos sistemas de armas, más modernos y actualizados, es decir, la adquisición de armamento que permitan, en teoría, nuevas capacidades de fuego y, por ende, mayor disuasión hacia el exterior; a aumentos salariales de los miembros de las Fuerzas Armadas; y a aumentar las medidas de ciberseguridad.
Sirviendo esto como un guion orientativo de todos los factores, externos e internos tenidos en cuenta, tanto para Europa como poniendo el foco en España, se procede a continuación a plantear escenarios plausibles sobre posibilidades a los que este rearme da luz.
PROPUESTA DE ESCENARIOS POSIBLES A CORTO Y MEDIO PLAZO
En el primer escenario, Europa logra avanzar hacia una mayor autonomía en defensa. Los países de la UE, liderados por Francia, Alemania e Italia, desarrollan una muy sólida política de defensa común que incluye proyectos de armamento conjuntos y una mayor independencia estratégica respecto a EE. UU. La OTAN sigue siendo relevante, pero Europa comienza a crear su propio sistema de defensa. A corto plazo, esto se traduce en un aumento del gasto militar, unificación de estándares y una estructura de mando militar europeo limitado. A medio plazo, la UE interviene con mayor autonomía en zonas de su vecindad, como el Sahel o los Balcanes, y se afianza como un tercer polo global.
En el segundo escenario, Europa vuelve a centrarse en las amenazas militares convencionales, especialmente las de Rusia. A corto plazo, se reorientan las políticas de defensa, con una fuerte inversión en capacidades militares tradicionales como tanques, misiles y defensa aérea. Otras amenazas híbridas, como la ciberseguridad o la migración, quedan en segundo plano. A medio plazo, Europa refuerza su postura defensiva en el flanco este, con un énfasis en la defensa territorial, dejando de lado los avances en ciberdefensa y otras capacidades no convencionales. El rearme se convierte en una respuesta directa a la amenaza de Rusia, sin adaptarse suficientemente a las nuevas dinámicas globales.
El tercer escenario, refleja un enfoque centrado en la seguridad interna y el control del territorio europeo frente a amenazas como el descontrol migratorio o los movimientos sociales internos. En lugar de un rearme centrado en amenazas externas como Rusia, la defensa se usa principalmente para gestionar las tensiones internas. Europa adopta un enfoque más militarizado para gestionar fronteras, con la industria de defensa centrada en tecnologías de vigilancia (IA, drones, etc.). A corto plazo, esto lleva a la militarización de las
fronteras y la gestión de crisis migratorias, mientras que a medio plazo se institucionaliza el uso del ejército para tareas civiles. La defensa pasa a convertirse más en una herramienta simbólica de orden y control.
Por último, en el cuarto escenario, “black swan”, se plantea un ciberataque masivo a las instituciones clave de la UE, que deja al descubierto grandes vulnerabilidades en la infraestructura de seguridad de los países miembros y provoca crisis energéticas y de ciberseguridad. Ante este ataque, la UE podría llegar a declarar un «estado de seguridad común», suspendiendo temporalmente Schengen y adoptando medidas drásticas para reforzar la seguridad interna, incluidas nuevas políticas de ciberdefensa. A raíz de este evento, el rearme cobra un sentido más abstracto donde se acelera el rearme digital, y Europa asume un modelo más centralizado y militarizado en términos de ciberseguridad. Las repercusiones serían profundas en todos los ámbitos europeos.
Dirigiendo el foco al Estado Español, un escenario para España que surge a raíz del rearme europeo integrado, y que es interesante analizar, es la posibilidad de que España se alinee con las directrices de Bruselas, invirtiendo y modernizando sus capacidades militares de acuerdo con las recomendaciones externas, sin embargo, esta adaptación no es acompañada por el desarrollo de una estrategia nacional propia que responda de manera efectiva a las amenazas y desafíos específicos del país.
El rearme en España se concentra en la adquisición de equipos de última tecnología, como tanques, cazas, fragatas y capacidades ciberdefensivas, con un enfoque principal en las amenazas percibidas provenientes de Rusia. No obstante, mientras se materializa esta modernización militar, España enfrenta una serie de tensiones internas que no son abordadas por las políticas de defensa. La desafección ciudadana hacia las instituciones crece, y en paralelo, la inseguridad en las zonas urbanas se incrementa, con la proliferación de banda
criminales vinculadas al crimen organizado, y la instrumentalización de la migración.
A nivel social, las presiones aumentan con huelgas, polarización política en diversas regiones del país. En este contexto, la desconfianza hacia las instituciones continúa creciendo, y el rearme se percibe como una imposición externa que no responde a los verdaderos problemas internos de España. En lugar de ser entendido como una medida de defensa nacional, es visto como un gasto innecesario que responde más a intereses ajenos que a las necesidades del país.
El gasto en defensa se ha centrado en programas conjuntos con otros países europeos, como el FCAS (caza de sexta generación), nuevos blindados y la digitalización del campo de batalla. Sin embargo, la adopción de doctrinas y sistemas no ha sido adaptada a la realidad española ni a los riesgos no convencionales que afectan al país. Las Fuerzas Armadas, cada vez más tecnificadas, pierden la conexión con la sociedad civil, lo que las convierte en una fuerza menos útil para enfrentar las crisis internas que se presentan. Mientras tanto, se descuida la inversión en áreas clave como la protección civil, la resiliencia social y las amenazas híbridas, que son las que, en este supuesto, realmente afectan a la población en el día a día.
El cumplimiento del 2% del PIB en defensa, aunque en términos numéricos parece un éxito, no tiene una dirección estratégica clara, lo que provoca que la brecha entre el gasto militar y la percepción de seguridad interna se amplíe. Esta desconexión entre las prioridades militares y las necesidades sociales genera un clima de insatisfacción y desconfianza. A largo plazo, esto puede derivar en una crisis interna que sorprenda al Estado, con disturbios urbanos, ciberataques a infraestructuras críticas y la propagación de desinformación que desestabilice aún más el país.
El efecto boomerang de este enfoque podría ser significativo. La población, al percibir el rearme como un gasto innecesario, se vuelve más crítica con las políticas de Europa y la OTAN, que se ven como responsables de una estrategia que no responde a las realidades internas del país. Aunque el ejército se profesionaliza, este pierde legitimidad social y su capacidad de reacción frente a situaciones complejas y difusas disminuye, ya que las respuestas militares convencionales no siempre serían las más adecuadas para abordar los problemas internos que enfrenta España.
ANÁLISIS DE LAS NARRATIVAS OFICIALES Y MEDIÁTICAS QUE SUSTENTAN EL REARME
A nivel europeo se ha visto un consenso mayoritario favoreciendo el incremento del gasto en defensa entre los partidos considerados de centro e izquierda moderada y los conservadores. Sin embargo, también han surgido posiciones contrarias y críticas desde formaciones de izquierda y extrema izquierda.
Pedro Sánchez se comprometió a lanzar un plan de impulso de la defensa antes del verano y acelerar el cumplimiento del objetivo del 2% del PIB de la OTAN.
Dentro de quienes mostraban opiniones favorables al rearme, encontramos a Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, quien en diferentes ocasiones ha afirmado la necesidad urgente de Europa de rearmarse y que los Estados miembros deben contar con margen fiscal para un incremento en el gasto de defensa. Cabe destacar la propuesta de un fondo de 150.000 millones de euros en préstamos para proyectos conjuntos de defensa como parte del Libro Blanco, subrayando la necesidad de demostrar a los EE.UU que Europa está preparada para «defender la democracia».
Otra figura destacada es Emmanuel Macron, presidente de Francia, quien declaró su intención de aumentar el gasto en defensa al 3-3,5% del PIB frente al actual 2%, para compensar la posible retirada de garantías de seguridad de EE.UU. Sus discursos como país insisten en impulsar el gasto en defensa como respuesta a la creciente amenaza rusa y la incertidumbre transatlántica.
Antonio Costa, presidente del Consejo de Europa, declaró que «estamos en un punto de extrema importancia para construir la seguridad europea». El primer ministro de Polonia, Donald Task, reclamó a Estrasburgo que, para que Europa sobreviva, tiene que armarse, y proponiendo un mecanismo de financiación parecido a los eurobonos del COVID-19.
La ministra de Defensa de Lituania, Dovilè Sakalienè, también urgió a aumentar el gasto en defensa para contrarrestar la amenaza rusa, dando apoyo a la creación del plan ReArmar Europa por 800.000 millones de euros en cuatro años.
El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius advirtió que Europa debe rearmarse cuanto antes ante nuevas amenazas antes de 2030 y remover límites de endeudamiento para gasto militar. Está declaración se vio respaldada por la propuesta de Olaf Scholz (Canciller de Alemania) de flexibilidad a largo plazo para el gasto en defensa, sugiriendo una regla de oro para la deuda relacionada con la defensa sin penas fiscales.
Giorgia Meloni, primera ministra de Italia, apoyó la propuesta de excluir el gasto en defensa de los límites fiscales de la UE como primer paso para reforzar la autonomía estratégica europea.
En la cumbre europea, los líderes respaldan los planes para incrementar el gasto en defensa y mantener el apoyo a Ucrania en un contexto de desconfianza hacia los EE.UU.
En cuanto a la oposición a este rearme, se encuentran los movimientos pacifistas y organizaciones de izquierdas quienes sostienen que el rearme nos acerca más a la guerra y que Europa debería centrar sus esfuerzos en la negociación y la cooperación internacional
A nivel nacional, España, cabe destacar la postura de Podemos y Sumar, ya que advirtieron al presidente del gobierno, Pedro Sánchez, que el rearme no contribuye ni a la disuasión ni a la distensión. Abogan por un plan de desarme y diplomacia, citando el argumento del Papa Francisco. Del mismo modo, los partidos políticos de Francia se encuentran divididos para la aceptación de este rearme, ya que la Agrupación Nacional, liderada por Marine Le Pen, ha votado en contra. El partido considera que la defensa europea común es una «ilusión de poder» y que las propuestas actuales malgastan la soberanía económica de Francia.
En el caso de Europa, países como Hungría, mediante palabras del primer ministro Viktor Orbán, ha sido uno de los principales opositores al plan de rearme europeo. Si bien no ha vetado el plan en su totalidad, ha bloqueado componentes clave, como el despliegue de misiones civiles y militares conjuntas en Ucrania. Asimismo, dijo que Hungría debe participar en una política de defensa común, pero rechazando la deuda conjunta de la UE para financiar este rearme.
Por otro lado, Países Bajos, donde el parlamento neerlandés ha mostrado una postura crítica hacia el plan de rearme, principalmente debido a preocupaciones sobre el aumento del gasto público y la emisión conjunta de deuda. Tres de los cuatro partidos de la coalición de gobierno votaron en contra del plan (Partido por la Libertad (PVV), Movimiento Campesino-Ciudadano (BBB) y Nuevo Contrato Social (NSC)), argumentando que podría llevar a un incremento de impuestos y a una carga financiera desproporcionada para los países del norte de Europa.
Eslovaquia ha adoptado una postura antibelicista, declarando el primer Ministro, Robert FIco, que su país no enviará más ayuda militar a Ucrania
Las declaraciones oficiales muestran un consenso generalizado sobre la necesidad de fortalecer la defensa europea, en especial ante la amenaza rusa y la necesidad de apoyar a Ucrania. Sin embargo, hay diferencias significativas. Por un lado, líderes como von der Leyen, Antonio Costa y Olaf Scholz (entre otros), dentro del apoyo al aumento significativo del gasto en defensa, abogan por medidas concretas como la movilización de 800.000 millones de euros, en las que se incluyen 150.000 millones de euros en préstamos con deuda común para compras conjuntas de material militar. Por otro lado, líderes como Sánchez o Meloni han expresado reservas sobre el término ‘rearme’, y lo han decidido enfocar de manera más amplia para incluir ciberseguridad, contraterrorismo, tecnología como drones de uso dual para conflictos y extinción de incendios, y cadenas de suministro. Esto llevó a un cambio en la narrativa, en la que se pasó de «Rearmar Europa» a «Preparación 2030», con un programa SAFE en el que se incluyen 150.000 millones de euros en préstamos a bajo interés para armas avanzadas.
CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES ESTRATÉGICAS
A la luz del análisis realizado, está claro que, si bien las amenazas externas como Rusia y otros actores políticos desempeñan un papel relevante, la inseguridad interna y las tensiones sociales dentro de los Estados miembros son factores aparentemente preponderantes en la configuración de la política de defensa europea. Esto sería indicativo de la realidad de que el rearme es potencialmente más una respuesta a una percepción de inseguridad interna que a una amenaza externa inminente, alimentada por las crecientes crisis migratorias, la polarización social y la crisis económica.
A nivel nacional y europeo, es esencial que la política de defensa no sólo responda a la modernización militar debida a las amenazas convencionales externas, sino que también se adapte a las dinámicas internas y no tradicionales que afectan a las sociedades europeas, como la ciberseguridad, la desinformación, la inestabilidad política interna y la gestión de las crisis migratorias. La UE y los Estados miembros deben prever una estrategia de defensa que no se limite a la clásica acumulación de armamento, sino que contemple también la acumulación de capacidades cibernéticas, la defensa de infraestructuras críticas y la capacidad de responder a amenazas híbridas, cada vez más frecuentes.
Por lo tanto, la recomendación de inteligencia está en consonancia con el hecho de que la toma de decisiones y el desarrollo de políticas de defensa tienen que basarse en un análisis más amplio, que tenga en cuenta tanto las amenazas externas como los riesgos internos. A nivel europeo, es recomendable que se establezca una estructura de defensa más flexible y ajustable, donde las medidas de seguridad interior puedan combinarse con la disuasión frente a actores externos. Además, es necesario asegurar que el aumento del gasto en defensa vaya acompañado de una mayor transparencia y coordinación con las necesidades particulares de cada Estado miembro, de manera que el rearme no se perciba como un dictado externo sin relación con las realidades políticas y sociales internas.
En el caso concreto de España, debe darse prioridad al desarrollo de una estrategia de defensa adaptada a sus peculiaridades geopolíticas, sociales y económicas. Cualquier inversión en nuevo armamento debe equipararse a una estrategia nacional que también sea coherente, por ejemplo, preparándose para amenazas no convencionales, como los ciberataques o las emergencias migratorias incontrolables. Este tipo de estrategia holística no sólo reforzaría las capacidades de defensa para hacer frente a las amenazas del exterior, sino que también garantizaría la estabilidad social y política en el interior.


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