Rodolfo Angeles. Abogado con más de 10 años de experiencia en inteligencia estratégica y Prospectiva. Actualmente responsable del Diseño Curricular del Instituto Policial de Estudios Estratégicos de la Universidad Nacional de la Policía de Honduras (UNPH)

Especialidad en el diseño y elaboración de escenarios prospectivo mediante técnicas creativas y en la enseñanza de la prospectiva mediante prototipos o ficciones didacticas. 

Autor de dos libros sobre ciencia ficción y de un blog sobre el impacto del futuro en las vidas cotidianas. 

Blog: https://medium.com/@rodolfoangelesHN


En el año 2014 estábamos trabajando en un caso que requería identificar un objetivo, pero no encontrábamos mucha información, aunque se contaba con Palantir  éste estaba conectado a las desactualizadas y mal diseñadas bases de datos estatales y no podía recuperar una información que no existía o que estaba en una ontología errónea, empezamos a hacer uso de las redes sociales (SOCINT) y no encontrábamos nada. La más joven de las analistas se salió del protocolo, por inexperiencia o rebeldía, y encontró la información del objetivo lo hizo en una revista de farandula y moda. La lección de esto: La información está en todas partes, todo es materia de análisis.

El mundo de la inteligencia siempre se caracterizó por un aura misteriosa, donde los servicios de inteligencia operaban al margen o al borde de lo permitido, mitos como el de James Bond, nos presenta un mundo donde el agente de inteligencia, erróneamente llamado espía, es un héroe de acción, capaz de manejar datos en formato SQL, operar sofisticada tecnología de punta y disparar con puntería de francotirador un misil antitanque.

La realidad es otra, el analista de inteligencia, si bien, puede o no provenir del campo operativo, es una figura a menudo incomprendida dentro del sistema, pese a que es una de las piezas claves que permite que toda la información colectada se transforme realmente en inteligencia.

Históricamente los analistas enfrentaban el reto de la escasez de información, primero porque en la mayor parte de la historia de Tzun Tzu (544-496 A.C.) hasta la caída de la Unión Soviética y el auge de Internet en la década de los 90, el desafío siempre fue acceder a la información suficiente en calidad y cantidad para convertirla en inteligencia.

En solo treinta o cuarenta años eso cambió radicalmente, hoy en día el mundo produce volúmenes de información tan grandes, que el primer cambio de paradigma fue la explosión informativa. Esto significa que lo que estuvo inalterable por casi 3000 años, se ha visto rápidamente alterado en tan solo 30 años, y continúa modificándose.

Siempre la inteligencia maneja un 80/20 aproximadamente, donde la mayoría de la información son fuentes abiertas (OSINT) y un 20 o 25% es fuentes especiales y usualmente secretas o confidenciales (HUMINT, SIGINT, GEOINT). Y esa proporción en términos generales puede que se mantenga, aunque esos mismos porcentajes traducidos en información hayan multiplicado exponencialmente sus volúmenes.

En los 90s, lo que se había mantenido como una particularidad de la Defensa de Estados Unidos y luego un elemento marginal de la cultura estadounidense, el internet, empezó a masificarse, ya al final de esa década se tenía acceso a portales de noticia, a portales de información y en la primera mitad de la década siguiente vio el surgimiento de nichos informativos relevantes, y aunque en Estados Unidos esto se veía ya como el futuro, en gran parte del mundo continuaba siendo un tecnología marginal, pero ganaba espacio de forma acelerada en todas partes.

Si bien Facebook no fue la primera red social en existir, antes de éste existieron los poco afortunados Hi5 y My space, sin embargo fue Facebook la que mayor éxito tuvo, de repente el mundo de la inteligencia se encontraba ante un nuevo y singular escenario: la información personal, la información intima de las personas, de los ciudadanos, que con tanto recelo cuidaban su privacidad, ahora era público, y eran ellos mismos los que ponían su información.

Así se sabía que un político en ascenso le gustaban las papas fritas de un restaurante en específico o la simpatía de jóvenes por grupos neofascistas o de ultraizquierda, según cada país.

Del 2004 que fue lanzado Facebook, y posteriormente Twitter (hoy X) al 2020, las redes sociales pasaron de ser un espacio juvenil de ocio y entretenimiento, a convertirse en un activo valioso tanto para la política, la economía y la inteligencia. Para el 2012 la mayoría de los gobiernos tenían una cuenta oficial de Twitter por la cual comunicaban directa y eficientemente sus acciones a los ciudadanos, en 2014 la CIA -acusada de exceso de secretismo- abrió su cuenta de Twitter.

Opositores, grupos de presión y agentes externos, también crearon cuentas en redes sociales para presionar al gobierno, entonces la agencia humana de las organizaciones se trasladó al mundo digital, y con esto, naturalmente, la información de estas comenzó a estar disponible y presentada por ellos mismos, lo que la hacían vulnerables a organizaciones terroristas como Estado Islámico o Al Qaeda que también le apostaron a los espacios de plataformas informativas, con campañas exitosas de adoctrinamiento y captación de activos.

Youtube, Facebook, Twitter, todas se convirtieron en fuentes importantes de información, donde se podía encontrar desde información personal de actores de interés, hasta manuales e instrucciones para acciones violentas, terroristas o de sabotaje, esto hizo que se creara la inteligencia de redes sociales (SOCINT), que combina los métodos, técnicas y procesos de la inteligencia humana con la inteligencia técnica o tecnológica.

El año 2016 fue un año de inflexión a nivel mundial, por un lado, el millonario y empresario Donald J. Trump competía con la ex primera dama Hillary Clinton, por otro el Reino Unido pugnaba por retirarse de la Unión Europea, en Colombia se desarrollaba un referéndum por la paz que buscaba poner fin a uno de los conflictos armados más largos del hemisferio occidental, y de repente las redes sociales se transformaron en espacios que cambiarían las configuraciones políticas del mundo.

Rusos a través de Facebook y Twitter desarrollaron operaciones de influencia para generar y agudizar la polarización social de Estados Unidos, en foros como Reddit o 4Chan empezaron a tomar fuerza las teorías de estados profundos, del pizzagate, de la adenocromo y otra clase de conspiraciones que influyeron en la primer victoria del presidente Donald Trump. Sumado esto surgió también el escandalo de Cambridge Analytica dirigido por Facebook para influir en las elecciones.

En el Reino Unido, y pese a que la elección racional, según encuestas y analistas, era mantenerse en la Unión Europea, aprobó el Brexit, que marcó un largo y doloroso proceso de separación, considerado un punto crítico de la comunidad europea. En Colombia la gente votó contra la paz, o algo así, ya que en general la población rechazaba esa idea de paz + impunidad propuesta en el referéndum, porque en el fondo se quería paz + justicia por los crímenes cometidos por las FARC y el ELN.

En ese mismo año una nueva red social, Tik Tok se lanzó en occidente. La particularidad de esta red es que era China. Años atrás China había estado emergiendo como una potencia tecnológica, pese a que sus productos todavía eran considerados de mala calidad, pero el impulso del grupo BAT (Baidu, Alibaba y Tencent) modificaron ese panorama abruptamente, de pronto en Estados Unidos y el mundo tik tok apareció como una red social relevante con sus sincronización de cantos y bailes que recuperaba, en cierta medida, ese estado pristino de las redes sociales como espacios de esparcimiento y no como trincheras ideológicas, pero que a finales de 2024 la administración Biden calificó como una arma de influencia china.

En 2017, en El Salvador surgía un nuevo partido denominado Nuevas Ideas, bajo el liderazgo de un joven (millenial) y particular personaje llamado Nayib Bukele. De origen árabe palestino, una participación modesta en la política durante el prolongado gobierno del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), este nuevo partido parecía no poder competir ni contra grandes partidos como ARENA y GANA ligados a la derecha y elites empresariales incluyendo medios de comunicación y menos al FMLN que se mantuvo en el poder por dos periodos de gobierno, y sin embargo, con una campaña de redes sociales (omnicanal) con una estrategia de comunicación fresca y efectiva se convirtió en el presidente de El Salvador en el año 2019.

En su plan para mantenerse en el poder contrapuso la popularidad de redes sociales frente a las normas democráticas, con “noticieros de youtube y Facebook” pagados por el Estado erosionó la confianza en los medios tradicionales, reformó el congreso donde tiene el poder absoluto, y además de eso proyectó su éxito como un modelo a seguir, deseable. Bukele publica, publica mucho y eso mantiene ocupado a los analistas, pero lo que publica son distractores.

Hoy en día, ante el volumen inmenso de información el analista diluye gran parte de sus esfuerzos en el desbroce, en la clasificación, en la selección, y no tanto en la interpretación y la integración de la información. Hay mucho, hay tanta, que en algunos casos, como la inteligencia policial colombiana, como instancia intermedia entre la fase de recolección y análisis, se creó la fase de tratamiento.

Es que el análisis de inteligencia es un problema incluso dentro del mismo sistema de inteligencia, en muchos casos, sobre todo en servicios de inteligencia inmaduros que mantienen a grandes rasgos la doctrina militar, el flujo de información entre operaciones y análisis es a menudo difícil, burocrático, ya que los jefes de operaciones continúan dándole importancia a la información cruda como un activo más importante que la inteligencia en sí misma, y eso en gran parte tiene la justificación en que muchos gobiernos son apagafuegos, es decir que la inteligencia es más reactiva que proactiva o prospectiva.

En ese caso, en analista de inteligencia además de lidiar con sus funciones, debe también saber que a menudo su producto no tiene la misma valoración que el dato crudo, porque cuando un tomador de decisiones tiene el incendio enfrente, difícilmente le importará que lo causó o qué podría generar, su trabajo por así decirlo, ante la escasez de tiempo, recursos y acciones, es apagarlo. Esa idea consume todo su ancho de banda mental.

Otro problema es a menudo que el analista se enfrenta al reto de la brevedad, cada vez más le exigen la brevedad de la era previa al internet a un mundo donde la información se desborda y desperdicia por todas partes. Entonces el analista debe fraccionar lo que va informar y el problema de eso es que el tomador de decisiones o el usuario, podría no tener el tiempo de conectar puntos.

Sumemos que el análisis de inteligencia es una actividad, en esencia, privada la mayor parte del tiempo porque la primera responsabilidad del analista es conocer (leer, ver, oír, revisar), pero tiene la necesidad de la colectividad, del cruce de información, del intercambio de premisas, hipótesis y teorías, porque solo así se arma el rompecabezas, el problema viene de las diferencias entre analistas y la concepción, todavía errónea de que todo en inteligencia debe ser secreto.

La compartimentación, el ego, las cargas laborales, y sobre todo la era del solipsismo, crea el mito del analista solitario, es decir de ese Jack Ryan, que en medio de una balacera une los puntos de sus hipótesis y acierta. Esto es un mito, ningún hombre es una isla en inteligencia, el analista solitario es un riesgo, ya que no tiene contrapeso a sus heurísticas y sesgos cognitivos, en algún punto, ante la falta de pensamiento crítico o autorreflexión, el analista solitario comenzará a ser consumido por sus propias ideas.

El analista debe estar integrado en un ecosistema con otros analistas que puedan enriquecer su visión del mundo, pero al mismo tiempo corregir las desviaciones que el cerebro humano de forma natural genera en cuanto al procesamiento de información. Sucedería como en jefe de contrainteligencia de la CIA James Jesús Angleton y su cacería de brujas durante la década de los 60s y 70s.

El 9/11 en Estados Unidos demostró como la compartimentación, el aislamiento y la competencia entre agencias podían generar una crisis catastrófica, lo mismo sucede con los analistas, porque cada vez más los fenómenos son multidimensionales, el crimen organizado tiene alcances políticas, económicas y sociales, para el caso: las maras y pandillas en Honduras, El Salvador y Guatemala, no son un problema de seguridad puro, ya que con una existencia de más de casi cuarenta años, se está ante un fenómeno social profundo, casi una sociedad al margen de la sociedad, con relevos generacionales, con mareros que son abuelos y con niños que solo conocen la mara como unidad social. Por eso las estrategias de mano dura solo esconden coyunturalmente este problema, sus causas son sociales, sus síntomas son de seguridad, pero sus secuelas son multidimensionales.

El análisis no es para genios, es para personas disciplinadas, abiertas a otras opiniones, autocríticas, pero también curiosas, siempre deseosas de aprender y que recuerde el conocimiento es un área llena de claroscuros, y que ningún conocimiento es total, porque es imposible saberlo todo por uno mismo.

Saberes del analista.
Lo que sabemos que sabemosLo que creemos que sabemos
Lo que sabemos que ignoramosLo que ignoramos que ignoramos

Ahora sumamos esta variedad de peros y pongamos a esos analistas en mundo sobresaturado de insumos, lleno de información útil e inútil, relevante y superflua, en un mundo donde su atención debe dividirse entre lo importante y lo urgente, y que además no son inmunes a las redes sociales y su scroll infinito ni a los mundos que sugieren las IAs. Esos analistas en este ambiente de información masiva deben aun así mantener la función de su oficio: generar certidumbre, aunque el mismo dude o vacile.

La inteligencia artificial no es nueva. No es una novedad. No es magia que surgió de repente. Desde la ciencia ficción de los años setentas y ochentas con Ray Bradbury (Marionetas S.A.) Stanislaw Lem (Golem XIV), Arthur C. Clark (Odisea Espacial), Harlan Ellison (No tengo boca y debo gritar), Isaac Asimov (Vida y obra de multivac), James Cameron (Terminator), la inteligencia artificial es una idea permanente en el imaginario humano: algún día la tecnología podrá pensar por nosotros, decidir por nosotros, reemplazarnos. En la película IA: Inteligencia Artificial, Steven Spielberg recrea la historia de Pinocho adaptada a Robots, sin embargo, la inteligencia artificial, como tantas otras cosas del futuro, no se dio como la gente esperaba o temía.

En el año 2021 se lanzaron al mercado (aunque eran gratis) los primeros modelos de inteligencia artificial diseñados para el público lego, se trataba de CrAIyon que luego pasó a llamar Dall-E Mini, y fue una novedad donde de la nada gente sin conocimiento de programación, diseño o arte, podía crear imágenes a través de descripciones de texto. Su paso fue modesto, más una curiosidad, pero despertó la inquietud por la inteligencia artificial, luego Open AI lanzó ChatGpt y las reglas cambiaron, de pronto todo el mundo se sumaba al furor de las IAs.

Redactaba más rápido y a menudo mejor, que la gran mayoría de los humanos. La IA se convirtió en la sal de todos los productos informativos, Cursos de IA, marketing de IA, Prompt de IAs, IA inmobiliario (metaverso), IA para ganar dinero, IA para hacer las tareas, IA para parecer inteligente. El mundo académico de pronto tuvo que desempolvar el anatema del Wikipedia, prohibiendo de tajo el uso de la IA en trabajos evaluativos, sin embargo, en esta ocasión, ya había docentes que se veían beneficiados a la IA y la promovían.

Y de pronto, la IA empezaba a aparecer en el conocimiento científico, publicaciones potenciadas con IA, tanto en la redacción como en el análisis de datos, y todo sin ningún control, estándar y medida de supervisión. Para el 2023, aproximadamente los grandes tecnológicos quisieron frenar las IAs por supuestos dilemas éticos (aunque era más por el avance de China en este sector). Google lanzó Bard ahora Gemini, Anthropic lanzó Claude, y miles de empresas lanzaron miles de soluciones de IA derivadas de Chat GPT.

En 2023 el multimillonario Elon Musk había comprado Twitter (única plataforma que no pertenecía a un conglomerado como Meta o Google) y la transformó en X y rápidamente lanzó al mercado: Grok

El movimiento de Musk obedece a que se estaba quedando afuera del negocio de los datos generados por las IAs, ya para entonces X era acusado de ser una plataforma de desinformación masiva, y la desinformación aparecía como uno de los principales riesgos globales según el Foro Económico Mundial. Ahora Musk, afín a Trump, lanzaba una IA poderosa, versátil y sobre todo enquistada en la propia red social.

En solo un año desde su lanzamiento Grok podía resolver problemas de razonamiento a nivel de doctorado, compitiendo y superando a ChatGpt 4 y Gemini 2.5. Era una herramienta accesible, agresiva y sobre todo con menos controles que las otras, si es que se puede decir que tienen controles, porque ya en 2024 durante las elecciones en la democracia más grande del mundo: La India, deepfakes de videos y audios del presidente Narendra Modi generaron un impacto considerable en las elecciones.

La sorpresa de Grok en el ecosistema de IAs, se vio eclipsado por el lanzamiento de Deepseek en enero del año 2025, una inteligencia artificial China, poderosa, gratis y que sobre todo parecía ofrecer más y mejores beneficios que sus competidoras. La inteligencia artificial está en todo hoy en día, desde cosas triviales como los smartphones con ia incorporada, hasta deepfake de audio y videos contra políticos, falseamiento de la realidad por medio de narrativas e imágenes generadas por IA, estafas digitales. 

Esta ubicuidad de la IA materializó un riesgo que ya señalaba Amy Webb en el 2019, la desaparición o transformación profunda de profesiones intelectuales como el periodismo, el derecho, el análisis. Los analistas ahora tenían que sumar a la falta de tiempo, al exceso de información, a las limitaciones metodológicas de la inteligencia, la competencia con un asistente virtual al cual un tomador de decisiones puede pedirle un resumen de prensa del día y se lo genera en tan solo unos segundos, con una eficacia aceptable si era en versiones de paga.

Periódicos, noticieros y portales informativos cada vez agregaban la aclaración que tal o cual nota había sido asistida por IA, algunos periódicos usaron imágenes generadas para ilustrar una noticia; en ambientes electorales complejos donde los candidatos suelen dar declaraciones que son significativas, discernir si tal o cual información es crucial para el analista. Audios generados por herramientas tipo Elevenlabs que permite clonación de voz a partir de un minuto de audio, videos de alta calidad generados con midjourney usando indicaciones y una imagen de archivo, supuestos informes o reportes policiales, militares o de inteligencia creados con ChatGPT.

Así como la batalla ideológica y religiosa había migrado del campo físico a digital en las redes sociales, así esa misma batalla podría migrar al campo cognitivo, donde facciones enfrentadas intenten imponer su idea de realidad a las masas, para así generar una reacción, emergencia o crisis, y todo facilitado, por la omnipresencia, la conveniente y la sobreabundancia de inteligencias artificiales.

Hoy esa abundancia de oferta en la IA genera la idea que es necesaria para todo, y que es indispensable y que si algo no la tiene agregada, entonces está incompleta, y como ha pasado antes, en algún momento, más de algún usuario o tomador de decisiones, con poca formación en seguridad, valorará la pertinencia de seguir teniendo analistas de inteligencia cuando con una solución tecnológica basada en IA podría obtener los mismos resultados o casi lo mismo en una fracción de tiempo y costos, y bajo la ilusión de que al sacar al factor humano de la ecuación sería menos sesgada y más confidencial.

Lo cierto es que la IA, como se dijo antes, no es magia. Es una tecnología que simula la apariencia de creatividad, realmente confiar la generación de certidumbre a una IA es manejar con el espejo empañado, se ve pero no se mira, se insinúa pero no se devela. En gran parte ese agregado de inteligencia artificial a todas las actividades humanas no genera un valor agregado, sino más bien lo disminuye porque lo hace parecer algo genérico, fácil, superfluo, se masifica y estandariza el habla y el pensamiento. Por otro lado, gran parte de los procesos que permiten a la inteligencia artificial ser inteligente, son trabajo duro y tonto, tercerizados a países sin protocolos laborales y menos de confidencialidad, que podrían o no ser enemigos o competidores potenciales de quienes utiliza la IA.

No todo es negativo, porque para el analista de inteligencia, que debe analizar información OSINT y HUMINT, se le debe agregar la conformación de un criterio por medio de la lectura especializada de libros e informes, para los cuales hay poco tiempo, pero que la IA permite “leer” y extraer ideas claves de los principales documentos rápidamente.

Deloitte al analizar el impacto de la IA en el análisis de inteligencia presenta ventajas significativas respecto al proceso de análisis en especial al desembarazar al analista de las tareas más repetitivas, rutinarias y desgastante en la recopilación y clasificación de la información, sin embargo el proceso de razonamiento, de comprensión, de explicación y de prospección continúan, por los momentos siendo necesariamente humanos, no porque las IAs no lo puedan hacer, sino porque no deben hacerlo, ya que la IA basa sus razonamientos en patrones que no siempre son acorde a la realidad en toda su complejidad, funciona en base a algoritmos, frecuencias o volúmenes, no en cuanto a emociones o criterios profundamente humanos como la filiación política o religiosa, el gusto o rechazo u otras.

Es posible una vez que la burbuja se reviente, la oferta de IAs se reduzca y volvamos a quedar cautivos de dos o tres empresas que compiten entre sí, como Coca Cola vs Pepsi,  o como Meta vs Google, o como el made in Estados Unidos vs made in China.

En diciembre del año 2025 el gobierno de Estados Unidos lanzó su Estrategia de Seguridad Nacional que básicamente es una actualización de la doctrina Monroe basada en principios de realpolitik, no es algo nuevo, en sí, porque ya el Reino Unido había lanzado en 2018 Great Britain Global su estrategia para continuar siendo una potencia en la era post brexit, sin embargo lo destacado de la publicación de Estados Unidos es su lenguaje directo y hasta intimidante respecto a cómo manejará sus relaciones respecto al mundo.

La república de Argentina, días después publicó su Plan Nacional de Inteligencia, siendo esta de las pocas veces que un plan de inteligencia se presenta como una declaración de intenciones sobre un ámbito que ha permanecido en secreto históricamente. En segundos esos documentos pueden ser descargados, traducidos, analizados y presentados en un resumen conveniente, para ahorrarse las 30 o 40 páginas de lectura. El analista ya puede dar su opinión al respecto, pero ¿qué le garantiza al analista que esa debe ser la interpretación final? O, más grave aún ¿quién le asegura que esa opinión o interpretación basada en IA no es la intención de quién hace público esos documentos?

La Inteligencia Artificial y las Redes Sociales, salvo que suceda un cataclismo, llegaron para quedarse, y eso obliga a que los analistas de inteligencia se capaciten, no solo mediante entrenamiento técnico y tecnológico, sino también para saber discernir hasta que punto puede o no confiar en dichas tecnologías. Por otro lado, en especial en países dependientes tecnológicamente hablando, no se puede tercerizar las funciones de análisis a una IA de una empresa china o estadounidense, porque en un mundo multipolar cualquiera de estas potencias podría bajar el interruptor y dejar a ciegas a países dependientes.

Los sutiles matices del lenguaje y el comportamiento humano, las complejidades detrás de las dinámicas sociopolíticas, la construcción de imaginarios colectivos, todo eso, este revestido de ambigüedades que una IA difícilmente comprendería, ya que su razonamiento se hace en función de la frecuencia de un tema, las reglas de la lógica formal y sobre todo, por lo que los países que las promueven se esperan que sucedan o esperarían que se diera. Una IA, difícilmente asociaría como lo hizo Umberto Eco la mala dentadura de las  jovencísimas actrices para adultos con la mala economía de Europa del este y como esa pobreza posiblemente  orilla a miles de muchachas a esa profesión.

El reto es que, de aquí en adelante, las futuras generaciones de analistas, que nacieron y crecieron inmersos en un mundo donde existen IAs médicas de alta confiabilidad, deberán desaprender de estas herramientas y aprender un oficio antiguo, aburrido e interesante a la vez, para luego combinar lo mejor de ambos mundos, no para mantenerse vigente, sino para continuar con la función primordial de la inteligencia generar certezas para la toma de decisiones.

Como epilogo, se puede agregar, que el análisis de inteligencia no debe tenerle miedo a los cambios, sino que asumirlos e integrarlos, porque el analista debe leer de todo, saber de todo, conocer de todo y aprender de todo, porque todo puede servirle en mayor o menor medida, como la joven analista que por rebeldía, o por intuición -algo que la IA no posee-, encontró caminos impensados para encontrar un objetivo.

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