Autor
Manuel Javier Peñalver Casares. Es funcionario de carrera en la Administración General del Estado, Graduado en Derecho y Master en el ejercicio de la Abogacía y en Protección de Datos. Actualmente, realiza un programa de doctorado en Derecho y Ciencias Sociales en la Escuela Internacional de Doctorado de la UNED. También cuenta con formación superior en gestión integral de la seguridad. Su trabajo de investigación se dirige fundamentalmente a la historia del terrorismo, con especial atención al de la organización terrorista ETA, así como a la labor de inteligencia en el ámbito antiterrorista.

Author
Manuel Javier Peñalver Casares. Is a career civil servant in the General State Administration, a Law graduate, and holds a Master’s degree in Legal Practice and Data Protection. He is currently pursuing a doctoral program in Law and Social Sciences at the International Doctoral School of the UNED. He also has advanced training in comprehensive security management. His research work primarily focuses on the history of terrorism, with special attention to the terrorist organization ETA, as well as intelligence efforts in the field of counterterrorism.


Resumen

El presente trabajo analiza el papel de Rusia en el escenario geopolítico actual, examinando cómo diversas teorías geopolíticas explican su comportamiento y potencial. Se aplican al estudio las teorías de Mahan, Mackinder, Spykman y Brzezinski con la finalidad de comprender las fortalezas y limitaciones de Rusia en el control e influencia sobre Eurasia y otros territorios. Asimismo, se evalúa cómo la posición económica y militar de Rusia podría alterar el statu quo internacional, basándose en estudios contemporáneos de Krauthammer, Mastanduno y Huntington. Se abre el debate sobre si las estrategias rusas tienden hacia dinámicas defensivas u ofensivas, integrando aportaciones de autores como Mearsheimer, Stephen Walt, Randall Schweller e Immanuel Wallerstein. El objetivo del trabajo es proporcionar una visión general del posicionamiento de Rusia en la geopolítica actual y su proyección en el futuro de las relaciones internacionales.

PALABRAS CLAVE: Rusia, Geopolítica, Eurasia, Estrategias, Statu quo.

Abstract

The present study analyzes Russia’s role in the current geopolitical landscape, examining how various geopolitical theories explain its behavior and potential. The theories of Mahan, Mackinder, Spykman, and Brzezinski are applied to understand Russia’s strengths and limitations in controlling and influencing Eurasia and other territories. Additionally, the study assesses how Russia’s economic and military position could alter the international status quo, drawing on contemporary studies by Krauthammer, Mastanduno, and Huntington. The debate is opened on whether Russian strategies tend toward defensive or offensive dynamics, integrating contributions from authors such as Mearsheimer, Stephen Walt, Randall Schweller, and Immanuel Wallerstein. The objective of this study is to provide a comprehensive overview of Russia’s positioning in current geopolitics and its projection for the future of international relations.

KEYWORDS: Russia, Geopolitics, Eurasia, Strategies, Status quo.

Introducción

En la geopolítica contemporánea, Rusia desempeña un papel fundamental debido a sus estrategias en política internacional, que han influido en el orden mundial incluso tras el final de la Guerra Fría. Desde la disolución de la Unión Soviética en 1991, Rusia ha atravesado diferentes fases en sus relaciones internacionales, manteniendo presente su estatus como potencia global, aunque con capacidades distintas a las exhibidas durante el período soviético. La anexión de Crimea en 2014, la intervención en Siria en 2015 y la operación especial desplegada en Ucrania en 2022 son los ejemplos más significativos de cómo Rusia está redefiniendo el escenario geopolítico mundial, poniendo en tela de juicio el orden previo establecido por Estados Unidos y Europa, y alterando así las dinámicas de poder.

La resiliencia económica de Rusia, unida a un considerable potencial militar y su estratégica ubicación geográfica, le ha permitido, a pesar de las sanciones internacionales, permanecer como un actor clave en la política global. No obstante, presenta limitaciones derivadas de su dependencia del sector energético y las fluctuaciones en los precios del petróleo y el gas, influenciadas por los mercados externos.

Este trabajo pretende abordar la influencia de Rusia en el equilibrio geopolítico actual y determinar qué teorías explican mejor su comportamiento. Desde el poder marítimo de Mahan, pasando por el Heartland de Mackinder, el Rimland de Spykman, hasta las visiones estratégicas de Brzezinski, estas teorías se aplican al caso ruso. Además de describir la correspondencia de las políticas rusas desde el prisma de estas teorías, se busca analizar críticamente su capacidad para describir las fortalezas y debilidades de Rusia en el contexto actual.

Marco teórico

Del análisis de las principales teorías geopolíticas, podemos destacar los siguientes conceptos:

Alfred Thayer Mahan y el Poder Marítimo: Mahan basaba la dominación global en el control de los aguas. En este sentido, Rusia presenta una importante limitación, como refleja su estrategia naval contemporánea, centrada principalmente en el Ártico —donde, a consecuencia del deshielo, ha ampliado su fuerza naval destacando sus 40 rompehielos de los cuales casi una decena son nucleares, frente a los dos de EE.UU. en bajo estado de operatividad— y en el Mar Negro, donde ha limitado su influencia por el control turco sobre el estrecho de los Dardanelos (Hill, F., & Gaddy, CG, 2013; Kofman, M., 2021).

Halford Mackinder y el Heartland: Mackinder introdujo la idea del Heartland , la región central de Eurasia que incluye gran parte de Rusia, como el pivote geográfico de la historia. La posición de Rusia en el Heartland sigue siendo preeminente, pero ha sufrido cambios relevantes debido a la expansión de la Unión Europea, la influencia de China y las dinámicas de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) (Sakwa, R., 2017; Trenin, D., 2016).

NJ Spykman y el Rimland: este autor destacó la importancia de Rimland como respuesta para contrarrestar la influencia del Heartland (zonas costeras y periféricas de Eurasia). En este sentido, Rusia se enfrenta a la desintegración del espacio postsoviético, una incipiente “rusofobia” debido a la invasión de Ucrania y la anterior adhesión de territorios en 2014, los altibajos en la economía rusa, y la competencia regional con China, Turquía e Irán en Asia Central, así como la influencia de la UE en determinados países del Este (Goble, 2021; Baqués, 2020; Laruelle, 2020).

Zbigniew Brzezinski y El Gran Juego en Eurasia: Brzezinski entendía Eurasia como el tablero central de la geopolítica, con Rusia en una situación de poder y vulnerabilidad debido a su posición geográfica, los desafíos internos y su política exterior (Brzezinski, 2012).

Análisis del papel de Rusia en el panorama geopolítico actual

Comenzaremos relacionando la situación actual de Rusia desde el punto de Mahan y el Poder Marítimo. Como ya hemos dicho, la teoría de Mahan destaca la importancia del control de las aguas para la potencia que pretende ostentar la hegemonía global. Debido a su geografía, Rusia tiene acceso limitado a mares cálidos, lo que condiciona su estrategia naval y genera su debilidad histórica en el ámbito naval, especialmente en las épocas anterior y posterior a la Unión Soviética. El acceso al Mar Negro está limitado por el estrecho del Bósforo, bajo control turco, y el acceso al océano Atlántico debe realizarse a través del Ártico, lo que plantea retos en términos de infraestructura y soberanía.

Para ello, Rusia ha puesto en marcha una serie de estrategias para mejorar sus rutas marítimas árticas, principalmente a lo largo de la Ruta Marítima del Norte (RMN).

En lo que respecto a infraestructuras, ha modernizado el puerto de Murmansk y construido nuevas instalaciones como el puerto de Sabetta (Pombo, 2019). También es relevante la puesta en marcha de rompehielos nucleares, como el «Arktika», además de mejoras en las estaciones de navegación y meteorológicas.

Rusia ha incrementado su militarización del Ártico desde 2008, considerando que la base de la Flota del Norte de la Marina de Guerra Rusa, ubicada en Severomorsk, posee una parte muy importante de sus capacidades en submarinos balísticos nucleares. En 2014 se creó el Mando Estratégico Conjunto de la Flota del Norte y se desplegaron nuevas unidades a lo largo del cinturón ártico (Junquera, 2023). Esta militarización puede interpretarse desde el realismo ofensivo de John Mearsheimer, quien en The Tragedy of Great Power Politics (2001) argumenta que las grandes potencias buscan maximizar su poder relativo para garantizar su supervivencia en un sistema anárquico. La expansión rusa en el Ártico responde a esta lógica, asegurando recursos estratégicos y proyectando poder naval en un área de creciente importancia geopolítica.

La cooperación militar con China en el Ártico está siendo muy importante en los últimos años, con acuerdos para el desarrollo de lo que China denomina la Ruta Polar de la Seda, como parte de la Iniciativa del Cinturón y la Ruta (Seethi, 2023).

Mackinder y el Heartland: desde la perspectiva de Mackinder, Rusia se sitúa en el Heartland , el pivote central de Eurasia, por lo que cuenta con un potencial de dominación si pudiera controlar sus vastos territorios. A pesar de ello, la cohesión interna, la diversidad étnica y las enormes distancias se presentan como un contrapeso a esta dominación.

En esta teoría cobra especial importancia las maniobras que Rusia lleva a cabo desde 2014 con la anexión de Crimea y la posterior incursión militar en Ucrania en febrero de 2022. Este último país se encuentra estratégicamente situado entre Europa y Rusia, y constituye un territorio de vital importancia para la Unión Europea, la OTAN, Estados Unidos y Rusia (Consuegra, 2010). El control de Ucrania, respecto a asegurar la posición en Crimea y la base de Sebastopol, daría a Rusia acceso al Mar Negro, con los beneficios obvios que ello conllevaría (Filiberto, 2024). Aquí, Kenneth Waltz, en Theory of International Politics (1979), agregaría que la estructura anárquica del sistema internacional empuja a Rusia a actuar para equilibrar el poder de Occidente, especialmente ante la expansión de la OTAN, que percibe como una amenaza directa a su seguridad en el Heartland .

El Rimland: para Spykman, como respuesta a la teoría anterior, el control del Rimland resulta fundamental para contener al Heartland . El hecho de controlar las zonas costeras y periféricas del Heartland supone el dominio del acceso al mismo, ya que incluye puntos estratégicos para el comercio, el control naval y la proyección de la potencia que ostente el poder. En este sentido, cobra especial relevancia la anexión de Crimea y el conflicto del Donbás; la influencia en países como Bielorrusia, Moldavia, Trasnistria o los estados bálticos puede verse como el intento de generar una “zona de seguridad” alrededor de Rusia. En este contexto, Rusia cuenta con el problema de, en palabras de Baqués, la “pared China”, por lo que, al igual que en el caso de la teoría marítima de Mahan, tendría que estrechar lazos con el gigante asiático.

Este acuerdo de interés mutuo podría convertir a China en una gran potencia mundial desde el Rimland , mientras Rusia operaría su hegemonía desde el Heartland de Mackinder (Baqués, 2018). Stephen Walt, en The Origins of Alliances (1987), complementaría esta idea al señalar que la alianza ruso-china no se basa solo en intereses materiales, sino en la percepción compartida de una amenaza común: la hegemonía occidental liderada por Estados Unidos, lo que impulsa esta cooperación estratégica en el Rimland y más allá.

La teoría de Brzezinski y El Gran Juego en Eurasia: Brzezinski contemplaba Eurasia como el tablero en el que se determinaría el destino de la geopolítica mundial, en el que Rusia tendría una posición ventajosa pero limitada por el cerco geopolítico al que se exponen debido a su ubicación. A pesar de controlar el Heartland , puede estar rodeado de potencias marítimas y sus aliados en el Rimland.(Brzezinski, 2012).

La estrategia rusa de las últimas décadas puede enmarcarse en esta teoría como una respuesta a este “Gran Juego”, buscando aliados como en Siria o con China, contrarrestando la influencia occidental y asegurando su influencia en la periferia inmediata para evitar un aislamiento estratégico. Randall Schweller, en Deadly Imbalances (1998), agregaría que Rusia actúa como una potencia revisionista, desafiando el orden unipolar para restaurar un equilibrio multipolar que le permite mayor autonomía en Eurasia.

Relación entre Rusia y EE.UU. a la luz de las teorías anteriores: Tradicionalmente, ha estado marcado por tensiones desde la anexión de Crimea, pero con la llegada de Trump al poder en enero pasado, estamos asistiendo a un radical cambio de enfoque. Este cambio

incluye un reciente acercamiento diplomático con reuniones a alto nivel en Arabia Saudita entre funcionarios de EE.UU. y Rusia para discutir el fin de la guerra en Ucrania, sin que este último país esté sentado en la mesa de negociaciones y con la exclusión de la Unión Europea.

Todo parece indicar que se está produciendo un realineamiento de las estrategias mutuas, que puede deberse a diferentes intereses para cada potencia: la contención de Rusia en Europa Oriental, la promoción de la democracia, la seguridad energética o la influencia global en el caso de Estados Unidos; o, desde el punto de vista ruso, la afectación de la seguridad nacional por la integración de Ucrania en la OTAN, cuestiones étnicas e históricas o el control del Rimland . John Mearsheimer podría interpretarlo como un movimiento pragmático de EE.UU. para reducir tensiones con una potencia rival y evitar una escalada que debilite su posición global, alineado con su visión de que las grandes potencias priorizan la estabilidad regional para preservar su hegemonía.

En Europa, este acercamiento ha causado alarma al ser excluidos de conversaciones que afectan directamente su seguridad. La esencia de estas conversaciones en Arabia Saudita parece ser un intento de EE.UU. para controlar o, al menos, moderar la influencia rusa en Eurasia, posiblemente ofreciendo concesiones o garantías que podrían cambiar el statu quo en la región.

Este acercamiento refleja una visión práctica de la geopolítica de Mahan y Brzezinski, en la que el control marítimo y de Eurasia, así como la estabilidad en áreas estratégicas como el Ártico, son clave para la hegemonía global. Sin embargo, también muestra una adaptación pragmática a la realidad de un mundo multipolar, donde el diálogo directo con viejos adversarios puede ser necesario para la paz y la estabilidad internacional, y también, por qué no decirlo, para los intereses económicos de EE.UU. y Rusia, como ha puesto de manifiesto la entrada en la ecuación de la explotación de los yacimientos de tierras raras con los que cuenta Ucrania.

La dualidad de la relación con China: Ambos estados mantienen una cooperación económica y militar. En lo económico, esto se basa en el comercio y la energía, ya que Rusia es un proveedor clave de gas y petróleo para China, y ambos son socios comerciales preferentes. Además, China ha colaborado con el esfuerzo bélico ruso relajando las sanciones económicas y financieras al incrementar sus importaciones energéticas y permitir el acceso a sus entidades bancarias, apoyando en el ámbito diplomático y político

el discurso oficial ruso sobre la guerra, y facilitando la difusión de la (des)información y propaganda rusas mediante sus medios de comunicación de masas y redes sociales (Escriche, 2022). Immanuel Wallerstein, desde su teoría del sistema-mundo (The Modern World- System , 1974), podría analizar esta relación como una alianza periférica que desafía el dominio del centro capitalista (EE.UU.), con Rusia y China buscando reestructurar las jerarquías económicas globales a su favor.

El difícil equilibrio turco: La cooperación en proyectos como TurkStream, inaugurado en 2020 y que transporta gas ruso hasta Turquía y, posteriormente, a Europa del Sudeste impidiendo a Ucrania, se contrapone a tensiones geopolíticas en Siria por el apoyo a facciones opuestas, conflictos de intereses en el Mediterráneo Oriental por motivos de explotaciones marítimas y la cuestión del Cáucaso con la guerra de Nagorno-Karabaj, en el apoyo de cada uno a Armenia y Azerbaiyán.

En el ámbito militar, la adquisición de sistemas S-400 rusos por parte de Turquía ha generado fricciones con EE.UU., que ha impuesto sanciones y exclusiones a Turquía en el marco de la OTAN.

Situación del statu quo internacional

Hablar en estos días de statu quo internacional puede ser un ejercicio especulativo tras la llegada al poder de Trump, su posicionamiento reciente respecto a la guerra de Ucrania, la Unión Europea y la OTAN, y su acercamiento sin precedentes a la Rusia de Vladímir Putin. No obstante, abordaremos el orden internacional tras la Guerra Fría desde el punto de vista de autores como Charles Krauthammer, Michael Mastanduno y Samuel Huntington, quienes han ofrecido marcos analíticos adecuados para entender el mundo tras la política de bloques tal como las conocimos hasta 1991.

Charles Krauthammer introdujo el concepto de «momento unipolar» en un artículo publicado en Foreign Affairs en 1990, poco después de la caída de la Unión Soviética. Según este autor, Estados Unidos quedó como la única superpotencia global sin rival, dominando militar, económica y políticamente el orden mundial. Este «momento» suponía una ventana de oportunidad para consolidar la hegemonía estadounidense tras el fin de la Guerra Fría.

Sin embargo, este «momento unipolar» ha sido puesto en entredicho en las dos primeras décadas del siglo XXI por la renovada influencia de Rusia y China. En el caso ruso, se ha

proyectado poder militar en conflictos como los de Ucrania y Siria, y se ha fortalecido su política y poderío energético, como hemos visto anteriormente. Por su parte, China se ha convertido en un actor económico y tecnológico de primer orden, con un crecimiento sostenido que la ha situado como la segunda mayor economía del mundo. Como muestra de su proyecto como potencia mundial, podemos destacar el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, la expansión militar en el Mar del Sur de China y su creciente relevancia en instituciones internacionales.

Por tanto, podemos entender que el «momento unipolar» de Krauthammer ha sido una fase transitoria más que un estado permanente, evolucionando hasta el momento actual en el que, si bien Estados Unidos mantiene un papel hegemónico en el escenario global, debe competir con otros actores.

Mastanduno, en su artículo “Preserving the Unipolar Moment: Realist Theories and US Grand Strategy after the Cold War” (1997), define, al igual que Krauthammer, a Estados Unidos como la única superpotencia tras la caída de la Unión Soviética. Esta situación creó un desafío para el realismo de Waltz, en el que se enmarca su pensamiento, a lo que Mastanduno responde introduciendo dos variantes.

En primer lugar, la Teoría del Equilibrio de Poder, en la que observa que los estados no se aliaron para contrarrestar la hegemonía de EE.UU., optando muchos de ellos por un “ bandwagoning ” con este con la intención de obtener beneficios económicos y de seguridad.

Un segundo vector es la Teoría del Equilibrio de Amenazas, en la que, según Walt, lo que impulsa las alianzas es la percepción de la amenaza más que el poder real de una potencia. Mastanduno entiende que la política estadounidense generó un clima de confianza al desarrollar instituciones multilaterales como la OTAN, además de políticas integradoras con aliados clave como Japón o Alemania.

La flexibilidad y el pragmatismo del pensamiento de Mastanduno son relevantes hoy para entender cómo Estados Unidos gestiona las amenazas de seguridad, moldeando percepciones y construyendo alianzas más allá del poder real. Mientras que China presenta una militarización atenuada y un desarrollo económico significativo, y Rusia exagera su poder militar con intervenciones para mantener su relevancia, Estados Unidos intenta redefinir sus políticas de defensor del orden liberal hacia un modelo coercitivo basado en la imposición de máximos.

Por su parte, Huntington introduce la idea de un » choque de civilizaciones» en su obra The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order (1996), donde las diferencias culturales y religiosas sustituirían a las ideologías políticas o económicas como causas de los conflictos futuros. Según este autor, tras la caída de la Unión Soviética, Occidente (Estados Unidos y Europa), además de desempeñar un papel dominante, pretendía imponer de manera universal sus valores fundamentales, como la democracia liberal, el secularismo o los derechos individuales.

En este marco de pensamiento tienen cabida las acciones de Rusia en las últimas décadas, destacando las desplegadas en Siria y Ucrania. En esta última nación, Putin ha justificado sus acciones, desde la anexión de Crimea en 2014 hasta la invasión de Ucrania en 2022, como una defensa de los rusos étnicos y ortodoxos contra una imposición occidental. En este sentido, la revolución del Maidán de 2014, que instauró un gobierno proeuropeo en Kiev, fue entendida por Moscú como un intento de Occidente (especialmente de la OTAN y la UE) de incluir a Ucrania en su ámbito ideológico, político y social, amenazando la influencia histórica y cultural de Rusia en la región.

Conclusiones

El análisis del rol de Rusia en el panorama geopolítico invita a pensar que, a pesar de limitaciones estructurales, mantiene una influencia significativa en el orden internacional con una combinación de estrategias defensivas y ofensivas.

Las teorías clásicas de Mahan, Mackinder y Spykman, junto con una visión más estratégica como la de Brzezinski, nos ofrecen marcos explicativos para entender las acciones rusas de las últimas décadas. En primer lugar, encontramos un limitado acceso a mares cálidos (Mahan) y la consiguiente militarización del Ártico para superar debilidades históricas; por el contrario su posición en el Heartland (Mackinder) le da un potencial de control territorial contrarrestado por otros factores.

En este sentido, el Rimland (Spykman) aparece como ese espacio en disputa en el que Rusia necesita consolidar su zona de seguridad, como ponen de manifiesto las acciones bélicas sobre Ucrania y Crimea, para reducir la presión de la OTAN y la UE sobre su flanco oeste. En la pared china Rusia maniobra para evitar el cerco geopolítico en Eurasia, aliándose con China y en otros territorios extiende su poder en regiones estratégicas como Siria o África.

La lógica de supervivencia y equilibrio de poder en las políticas rusas podríamos encuadrarlas en las teorías realistas (Mearsheimer y Waltz) en respuesta a la expansión occidental. Los marcos analíticos de Krauthammer, Mastanduno y Huntington, nos contextualizan la transición del “momento unipolar” generado tras la caída de la Unión Soviética a un sistema hegemónico disputado, en el que las dinámicas culturales (Huntington) y la gestión pragmática de amenazas (Mastanduno) explican las tensiones actuales.

La novedosa relación de acercamiento Rusia-EE.UU. (Putin-Trump), redefine el statu quo, influenciada por numerosos factores entre los que se encuentran intereses económicos (tierras raras en Ucrania) y estratégicos (estabilidad en Eurasia). Sin embargo, este giro está generando una situación de incertidumbre en Europa y tensiones con los aliados tradicionales (OTAN).

Prospectiva

En primer lugar, la capacidad que tenga Rusia para diversificar su economía sin limitarse a los hidrocarburos será fundamental para sortear las sanciones y poder mantener su competitividad frente a competidores como China. La cooperación con China, aunque beneficiosa a corto plazo (Ruta Polar de la Seda, apoyo económico y militar, etc.), puede convertirse en una relación asimétrica si Pekín mantiene y expande su potencial económico y tecnológico, relegando a Rusia a un papel secundario.

En segundo lugar, cómo finalice el conflicto en Ucrania como consecuencia de las negociaciones con EE.UU. serán fundamentales para entender la influencia rusa en Europa Oriental y su capacidad para proyectar poder en el Rimland . En el caso de que se dé un acuerdo que garantice la neutralidad ucraniana sin ser absorbida por occidente o que se produzcan cesiones territoriales fortalecerá a Rusia a nivel regional.

Por el contrario, mantener el conflicto agotaría sus recursos y aislaría aún más a Moscú del panorama internacional. Aquí es donde la variable Trump introduce el factor de incertidumbre, ya que si finalmente se adopta una solución transaccional relaciones bilaterales quedarían estabilizadas temporalmente, sin garantizar que Rusia renunciara a sus ambiciones revisionistas (Schweller) a largo plazo.

Por último, el Ártico se presenta como un elemento fundamental. La consolidación rusa del dominio naval y económico de la RMN, podría alterar las rutas comerciales globales y reforzaría su papel de potencia energética, confrontando la supremacía marítima de EE.UU. (Mahan). La presencia de China y la OTAN en la zona, podría limitar esta consolidación, aunque el futuro incierto de la Alianza Atlántica, introduce un factor más de variabilidad en el panorama ártico.

DOCUMENTO COMPLETO

No responses yet

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *