
Oswaldo Chomba Castro. Perú . Analista de inteligencia en campos relacionados con la seguridad, el terrorismo y la seguridad física e Investigaciones corporativas y con conocimientos en materia de criminología corporativa y negociaciones criticas.
Graduado en la Marina de Guerra del Perú ,como Infante de Marina y con Calificación de Inteligencia en Guerra No convencional . Formado como Analista de Inteligencia en la Escuela de Postgrado del Centro de altos estudios Nacionales CAEN. Veterano de la Pacificación nacional y conflictos externos.
Apasionado por las diferentes ciencias de la Historia de la Inteligencia estratégica y militar. Así como al estudio de la seguridad ciudadana.
«La primera regla de la guerra irrestricta, es que no hay reglas y nada está prohibido».
En febrero de 1999, Qiao Liang y Wang Xiangsui, un par de coroneles del Ejército de Liberación Popular de China (PLA, por sus siglas en inglés), publicaron un documento que habría de convertirse en un verdadero tratado sobre el futuro de la guerra. Aunque China ha cambiado enormemente en estos 20 años -así como el escenario de seguridad internacional- Guerra Irrestricta (Unrestricted Warfare), es hoy en día una lectura obligada para todo aquel estudioso o profesional de la defensa, la seguridad nacional y la estrategia.
A continuación, presento un brevísimo bosquejo del pensamiento de esta importante obra, cuya relevancia actual es, desde mi punto de vista, incluso mayor de aquella que tuvo hacia fines de la década de 1990. De acuerdo con Liang y Xiangsui, a lo largo de la historia de la humanidad, los avances tecnológicos han sido los principales detonadores de cambios en la forma de hacer la guerra. «…la aparición del acero y bronce, hicieron posible la falange de infantería; avances en las flechas y lanzas permitieron nuevas tácticas de caballería […] el descubrimiento de la pólvora trajo consigo el cañón, lo que dio origen a una nueva forma de guerra…» Para ellos, los avances tecnológicos del pasado provocaron la llegada de un arma totalmente nueva, lo que modifica el accionar militar en el campo de batalla; mientras que, en el siglo XXI, la velocidad del cambio tecnológico y su impacto en todos los aspectos de nuestras vidas es tan amplio, que la guerra trasciende las barreras de lo propiamente militar.
Y es aquí donde los autores critican la mentalidad de Occidente, al considerar que ésta se ha vuelto rehén del cambio tecnológico. Es decir, en lugar de que los pensadores militares occidentales estudien qué tipo de armas necesitan para pelear las guerras del futuro, piensan qué guerras podrán pelear con las armas que les provea la tecnología. Los autores lo explican a través de la dicotomía de «pelear la guerra que se acomoda a nuestras armas» (mentalidad de Occidente) o «crear las armas que se acomodan a la guerra que viene» (mentalidad China).
Una cosa es cierta: el planteamiento de la guerra irrestricta es una tesis estratégica, no una nueva forma de guerra y está planteada para luchar contra enemigos más poderosos. Bebe de la experiencia histórica y antropología china y de los trabajos no sólo de filósofos militares chinos clásicos como Sun Tzu sino de las teorías sobre la gobernabilidad de Confucio que ha modelado China con su filosofía política. Podríamos decir que romper y erosionar esa idea confuciana con métodos modernos da a China la capacidad de actualizar este modelo, ensayarlo en la teoría, y usarlo en la práctica.


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